El Poeta
De amanecida los barcos del puerto, con su quilla
de sílabas, se adentran en el mar. Las tormentas
estivales favorecen su navegación, rumbo a la palabra
precisa y preciada. A veces, alzados sobre las olas,
erguidos en el aire, cambian la ruta en pos de abecedarios
ignotos. Las azucenas marinas embriagan el sueño
de los marineros. Voz antigua del mar, que propones
un encuentro y una despedida, ofrece tu ungüento
para el alma de los barcos. De amanecida levan anclas,
las almas del Hades del mar hacia otras radas,
donde vivirse con la luz y con el tiempo, amarradas
a los vientos salinos que soplan, con rotundidad
de luz del mediodía, los velámenes izados.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 23 de julio de 2013
Me pides que te dé una metáfora de sexos
cóncavos,
                 convexos,
                                  o que te ofrezca la piel,
nunca la rutina de las manos, el ángel
azul marchito como la flor que calló a la tierra
en día de terral.
Después, la sangre, la avaricia de tus labios,
el ojo que extendió la mirada sobre el cuerpo.
Ahora, en la callada quietud de las sombras, esta luz
tímida que asoma, trae sabor de saliva dulce
frutecida. Ven, más allá de tu metáfora, a confundirte
en un espasmo de amada voz y carne estremecida.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 21 de julio de 2013

Soledades babelizadas en el abismo del pozo;
ni tú, ni yo, hemos reparado en las aguas
oscuras, en el telón sin fondo que la tarde oculta.
Buscando la luz, ansiando la luz, los cuerpos nadan
hasta la superficie de barro y cal, donde algunas aves
esperan morder el húmedo verdor, que espesa los cabellos.
Ahora, en el inesperado encuentro, se halla la metáfora
menos abrupta de la carne. Juntos, ya en el aire, se acercan
las hilanderas del verbo con voz nupcial y pañuelos blancos.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 20 de julio de 2013
La tarde está partida en dos, mitad levante y mitad poniente,
como desafiando a Parménides y ensalzando a Heráclito.
Tú persigues el vuelo rasante de gaviotas, la penúltima ola
que acarició tus pies; eres la tarde, luminosa y abisal,
entre dos columnatas de agua y de fuego.

En los oteros plateados al llegar la noche, adivino
tus pasos, y comprendo que te has ido, para volver
                                                                                  sólo tú sabes.


Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 15 de julio de 2013
Al noroeste de la noche, en el umbral
de la puerta de tu casa, veo como la luz
se interna por las habitaciones, mientras
esta luna de hoy, como un hilillo de sangre,
tiñe tu corazón vibrante que sueña soñar, soñar...
El almidón de tu vestido es tan generoso como tu piel,
amable al tacto, y me conforta. Te he visto pasar,
lírica y acostumbrada, al pequeño jardín donde
eres dueña de la sutil matemática de verdes y blancos y rojos...
Me adentro entonces, hasta ti, junto a ti, para conversar
acerca de nosotros. Al noroeste de la noche
las páginas del estío están repletas de palabras,
nuestras, de gestos y de besos como pan reciente.

Agradezco tu hospitalidad, he de marcharme. Te veré
en la sencillez del día con la voz regada por la límpida
agua que me dejó tu recuerdo.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 15 de julio de 2013
SHIKI

'La luna en los pinos' es un libro de haikus zen.
Ahora está reposando en la estantería
junto a otros libros. Recuerdo haberlo leído
en el corazón del invierno. Versos e ilustraciones
se parecían a un joven río con remansos, y mis
manos lo abrigaban amorosamente mientras
los niños regresaban de la escuela. Se oía
a Juanito nombrar a María; se oían las risas
y una pelota botando en el suelo.

'Sin mi viaje
Y sin la primavera
Me habría perdido este amanecer'.


Los cantos rodados que pueblan las aguas; la algarabía
de niños después del colegio; la luz intensa de México,
que viene a mi memoria. Es julio, ya ves, y dos más dos
podrían ser hermosamente cinco, rememorando a Chagall.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 9 de julio de 2013
Satie, muslos blancos, amados...
Y me dijo, - a veces los años no me dejan ver con claridad.
Luego todo era tan sólo un mar de lluvia sobre los dulces
parabrisas con Satie y muslos blancos, amados...
Fumábamos un cigarrillo. El recuerdo que nombrabas
tenía vocación de niño muerto, entonces levanté
mi mano de su muslo, y abrí la puerta del coche y me dejé
empapar toda la ropa. Sus muslos eran calientes sin embargo,
sus labios, el firme de sus senos. Como pudimos nos amamos,
dentro de un coche con olor a azafrán y a humo de tabaco.

Satie, muslos blancos, amados...

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 9 de julio de 2013
¿Has visto cómo las horas crepusculares llegan a la ciudad?
Siempre de improviso, porque en el paseo marítimo los ojos
están fijos en el mar. Elizabeht McLaren tomaba su café
en el muelle 1, soñaba con tranvías y algún poema extraviado
de su juventud. Las horas crepusculares la envolvieron
con un precioso chal de estrellas marinas. Yo me siento
a contemplar los barcos, sus estelas blancas de misterio,
las luces que hacen sombrearse a las palmeras. Casi todo
es de improviso. Yo dejé escapar años dignos de haberse vivido;
se extraviaron como inútiles objetos cotidianos que buscamos
para no encontrarlos nunca. Pero no quedé substraído al tiempo,
el viento me devolvió una frase importante que revelaría
el paso de aquellos años, casi furtivos, casi locos, casi inciertos...
Cómo no pude besarla ya entrada la noche hice, recogido
en casa, un collage con la tonalidad del niño que aún me habita,
y luego me dormí, y Elisabeht se quedó en el muelle 1, abrigada
y desnuda a la vez, como si tuviera que amanecer allí, aferrada
a su silla, esperando el café de la mañana. Las horas crepusculares
volverán a pasar frente a los ojos de ella, pero no existe
más que un crepúsculo en sus retinas, aquel que la salvó
de haber muerto ahogada en una taza de café.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 9 de julio de 2013
VERDI

Y llegó Verdi después de Verdi; primero vino
a mis 17 años, luego nos encontramos más veces
en varios sueños con olor a octubre y a Roncole.
La vida gira sobre sí misma, hasta que llegó mi abuelo
después de mi abuelo a saludarme. Son reencuentros
con seres queridos en el juego onírico de imágenes
y de palabras. La vida gira sobre sí misma y llegué
después de haber llegado de no recuerdo qué hermoso
lugar donde había dolor también, y las azaleas
se derramaban por la espalda como una lluvia espesa.
Verdi viene a decirme cosas en el mediodía de julio,
a contarme que son fatales los 27 de enero, pero
que Giuseppina Strepponi duerme junto a él el sueño
más sutil y delicado. Milán, oh Milán, Milán ha muerto
como todas las ciudades que llegaron después
de haber llegado. Mi padre siempre toma café escuchando
La Traviata... Yo tomo café con un amigo. Verdi aún
no ha hablado con mi padre, pero él sí le dice ciertas cosas,
que sólo ellos saben. A veces se llega después de haber llegado,
y los acantilados tienen voz de nieve incluso en el estío.

Francisco Aranda Cadenas