Hablarte desde esa corta distancia que propones
será un riesgo, ya que me prendí de tu mirada,
y hago mi particular descenso a los infiernos.
Oculto en tu semblante hay un ramillete de amapolas,
parecido a la doble luz de México en sus atardeceres
casi infinitos, porque la noche allí si tiene a penas nombradía
con que expresar las cosas cotidianas, que nacen y que mueren
de forma tan sencilla como la sed de los colegios.
En las columnatas de tus pómulos reposan las palabras,
que tus ojos expresan sin prolegómenos cuando el amanecer
suele encontrarme a orillas del mar escribiendo versos,
o quitándome la ropa para tirarme de cabeza al agua.
Doble luz de México; ahora estoy solo en mi casa
pensando y sintiendo algo que pudiera ser felizmente
irreparable... Oculto en tu semblante hay un sueño
con peces y pájaros y árboles, la Atlántida de cada día.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 7 de julio de 2013
El Poeta
GORRIONES
Los gorriones se afianzan a sí mismos en su vuelo;
se cortejan, se enraízan en el aire, liban las gotas
de lluvia cuando la ciudad les brinda su corazón
más sabroso. Ni mansos ni salvajes nos pueblan,
se acercan despaciosos con el sutil anhelo
de unas migas de pan, o algún silbido amable
que les cobije el alma de humildes urbanitas.
Habitan por doquier; allí donde los andenes
de tren, en las cafeterías, en el teatro romano,
sobre las cotidianas aceras, en la higuera centenaria
junto a la librería del museo Picasso. Se acercan
hasta los puestos del mercado, y parece conversaran
con los afanosos compradores, que meten las viandas
en bolsas de plástico o en cestos de mimbre; viandas
que los gorriones conocen de antemano.
Qué singulares, sencillamente pardos, simples
en su vuelo, gozosos en el amor sobre cualquier adoquín
de una calle vencida por los años o embellecida por el tiempo.
A veces los convoca el viento y vuelan en formación
hacia los ramajes; se parecen entonces a un acordeón
de plumas. Aman a los violinistas venidos del este, que interpretan
melodías de Mozart en Calle Nueva, y a las firmes bailarinas
que arrancan por bulerías en la Plaza de la Merced.
De niño los gorriones -alguna vez soñé con uno albino-, me trajeron
la alegría de palabras inscritas en diminutas piedras blancas,
disputadas a veces a las palomas, o halladas al borde mismo
del lenguaje cuando, sin no cierto coraje, se balancean
sobre las espaldas de las muchachas tumbadas al sol, y beben
de sus labios, mientras ellas duermen el sueño, que ya ellos
soñaron sin pretender en lo más mínimo sobrevolar las oníricas
imágenes, las cuales despertarán a las muchachas con estupor
-sus biquinis húmedos-, o grácil serenidad al pie de la tarde.
Si fueran aves del paraíso sucumbirían en breve espacio de tiempo,
pues es la ciudad y sus entresijos, el fulgor del invierno o del estío,
lo que les hace valerse de su delicada grandeza.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 7 de junio de 2013
RESTAURANTE CON BARCAZA
La barcaza más desamarrada del puerto se va con el oleaje. Lleva paisajes de niños muertos y de niños columpiándose al borde de la risa. He visto, como a borbotones, salir del agua un niño. Porque la barcaza llegó hasta el restaurante hablando en inglés y en mandarín, y todo hacía ruido; quizá porque era aún de día, estos días primaverales cercanos al verano en la ciudad de Málaga. Ciudad con aviones y grafitis,
y el hombre del saco llevándose a los niños hasta una cueva infernal. Estaba cenando en ese restaurante amarillo, con fuego de dragones en la cocina, y dientes de niño hasta en la sopa. Aquella barcaza tibia y húmeda no sabía hablar español, y cantaba canciones lejanas acerca de no sé, pero eran canciones lejanas. Se notaba en el tono agridulce de la voz y por los instrumentos, antiguos sin duda. Y me abracé al cuerpo de Elizabeth, con mi camisa hecha girones por las olas de poniente, porque hacía poniente y era bastante molesto. Recuerdo, siendo un chavea, me decía mi padre -quién lo ha visto y quién lo ve-, que los camiones de pescado que iban a Madrid no regresaban. Mi abuelo conducía un fulitre a pedales y llevaba pescado hasta Madrid. La noche más imaginaria que haya vivido fue creyendo estar sentado en el regazo de mi abuelo materno. El me daba pescaito, a pellizquitos, con las manos. Yo era un niño como el de la barcaza. Rotundamente un niño ido con el viento de poniente, con la ventolera que decía mi tía Charo. Ahora, en la carretera de Almería escribo esto. Lo del restaurante ya pasó, lo de la barcaza, lo de mi abuelo, y toda la 'marimorena'.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 18 de junio de 2013
La barcaza más desamarrada del puerto se va con el oleaje. Lleva paisajes de niños muertos y de niños columpiándose al borde de la risa. He visto, como a borbotones, salir del agua un niño. Porque la barcaza llegó hasta el restaurante hablando en inglés y en mandarín, y todo hacía ruido; quizá porque era aún de día, estos días primaverales cercanos al verano en la ciudad de Málaga. Ciudad con aviones y grafitis,
y el hombre del saco llevándose a los niños hasta una cueva infernal. Estaba cenando en ese restaurante amarillo, con fuego de dragones en la cocina, y dientes de niño hasta en la sopa. Aquella barcaza tibia y húmeda no sabía hablar español, y cantaba canciones lejanas acerca de no sé, pero eran canciones lejanas. Se notaba en el tono agridulce de la voz y por los instrumentos, antiguos sin duda. Y me abracé al cuerpo de Elizabeth, con mi camisa hecha girones por las olas de poniente, porque hacía poniente y era bastante molesto. Recuerdo, siendo un chavea, me decía mi padre -quién lo ha visto y quién lo ve-, que los camiones de pescado que iban a Madrid no regresaban. Mi abuelo conducía un fulitre a pedales y llevaba pescado hasta Madrid. La noche más imaginaria que haya vivido fue creyendo estar sentado en el regazo de mi abuelo materno. El me daba pescaito, a pellizquitos, con las manos. Yo era un niño como el de la barcaza. Rotundamente un niño ido con el viento de poniente, con la ventolera que decía mi tía Charo. Ahora, en la carretera de Almería escribo esto. Lo del restaurante ya pasó, lo de la barcaza, lo de mi abuelo, y toda la 'marimorena'.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 18 de junio de 2013
Porque no era mía la luz, me quedé
absorto en las sombras. Luz
que no fue mía hasta ahora -digo
luz y hablo, y escribo-, te acercas
filtrada por el aire que tampoco
fue mío -digo aire y hablo, y escribo-.
Luz y aire separado de las sombras. NO.
Hombre que soy, saludo y digo adiós,
para buscaros nuevamente mañana. Raíz
de la luz y del aire, ahora sois míos,
como el haz de sombras, como el haz de sombras...
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 17 de junio de 2013
absorto en las sombras. Luz
que no fue mía hasta ahora -digo
luz y hablo, y escribo-, te acercas
filtrada por el aire que tampoco
fue mío -digo aire y hablo, y escribo-.
Luz y aire separado de las sombras. NO.
Hombre que soy, saludo y digo adiós,
para buscaros nuevamente mañana. Raíz
de la luz y del aire, ahora sois míos,
como el haz de sombras, como el haz de sombras...
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 17 de junio de 2013
NO HAY PATRIA MAYOR QUE LAS PALABRAS
No hay patria mayor que las palabras. ¿Qué habéis hecho
por nosotros? A vuestra imagen y semejanza, palabras
de ayer, palabras para hoy, para mañana, por los siglos
sin 'amén', sin 'ayes' en el boca. Hizo mucho frío
verdaderamente, un tórrido calor, pero no enmudecieron;
a veces, sonámbulas o insomnes, están ahí, en toda garganta
de hijo de vecina, febriles o serenas -sementera en el aire-,
así, sencillamente, luz que despierta o asesina, que es carne
de todos los semblantes antiguos, palabra nuestra
y de repente, sutil en los caminos, como el triunfo del amor,
también del odio.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 17 de junio de 2013
No hay patria mayor que las palabras. ¿Qué habéis hecho
por nosotros? A vuestra imagen y semejanza, palabras
de ayer, palabras para hoy, para mañana, por los siglos
sin 'amén', sin 'ayes' en el boca. Hizo mucho frío
verdaderamente, un tórrido calor, pero no enmudecieron;
a veces, sonámbulas o insomnes, están ahí, en toda garganta
de hijo de vecina, febriles o serenas -sementera en el aire-,
así, sencillamente, luz que despierta o asesina, que es carne
de todos los semblantes antiguos, palabra nuestra
y de repente, sutil en los caminos, como el triunfo del amor,
también del odio.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 17 de junio de 2013
a Elizabeth.
Ahora, que el verano se acerca con luz en los ojos,
y trae brisa y espejismos y la ley antigua de los mares,
es ahora que los viajeros pasarán página al rigor
del frío, se amanecerán sorprendetes sobre la hierba,
nadarán hasta lo más profundo, húmedos hasta el anochecer,
cuando los cuerpos tiemblan en el pecho de otros cuerpos.
Recuerdo el último verano, quiero decir a la muchacha
que me amó, aquella pelirroja insomne... Qué habrá sido
de ella.
Es el alba, amor, brumosa y salínea, la que te llevará
hasta las playas, finalmente todas las mañanas
de tu vida -mediterranía azul-. Regresaré al alba
de tus manos si es posible, este verano que ya se avecina,
con palabras escritas en la arena. A veces el agua
no las borra y quedan indelebles como un castillo infantil,
que la memoria guarda.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 16 de junio de 2013
Ahora, que el verano se acerca con luz en los ojos,
y trae brisa y espejismos y la ley antigua de los mares,
es ahora que los viajeros pasarán página al rigor
del frío, se amanecerán sorprendetes sobre la hierba,
nadarán hasta lo más profundo, húmedos hasta el anochecer,
cuando los cuerpos tiemblan en el pecho de otros cuerpos.
Recuerdo el último verano, quiero decir a la muchacha
que me amó, aquella pelirroja insomne... Qué habrá sido
de ella.
Es el alba, amor, brumosa y salínea, la que te llevará
hasta las playas, finalmente todas las mañanas
de tu vida -mediterranía azul-. Regresaré al alba
de tus manos si es posible, este verano que ya se avecina,
con palabras escritas en la arena. A veces el agua
no las borra y quedan indelebles como un castillo infantil,
que la memoria guarda.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 16 de junio de 2013
En calle Larios, donde me dejé el corazón una tarde,
recuerdo los gestos del pasado, la urdimbre
de sombras acariciando las baldosas, el viejo
edificio desde donde me arrojé en sueños.
Era como una antología poética del oleaje
-siluetas blancas y negras-, todo perfumado
de Málaga Virgen y de bronceador para turistas.
Lo que no sé bien es si llegué a amarte verdaderamente,
pero hacía calor hasta en la sangre, y sentí la piel
tan desolada,
el alma tan desnuda.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 16 de junio de 2013
recuerdo los gestos del pasado, la urdimbre
de sombras acariciando las baldosas, el viejo
edificio desde donde me arrojé en sueños.
Era como una antología poética del oleaje
-siluetas blancas y negras-, todo perfumado
de Málaga Virgen y de bronceador para turistas.
Lo que no sé bien es si llegué a amarte verdaderamente,
pero hacía calor hasta en la sangre, y sentí la piel
tan desolada,
el alma tan desnuda.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 16 de junio de 2013
Abro la puerta del bar. Huele a café, a tostadas.
La misma muchacha de siempre en la mesa 12,
que lee el periódico y mira a los demás clientes
de reojo. Los espejos donde se dibujan muslos
de papel y senos de ámbar. Pido mi café, tan sólo
un café con leche y un poco de luz; siempre junto
a la ventana. Se sirven también churros, chocolate,
se dan los buenos días sonriendo. La gente va y viene,
sin prisa; es mañana de sábado. Del techo cuelgan viejas
lámparas -un toque de romanticismo-. Los camareros
van con camiseta blanca y pajarita, los pantalones
son negros. Me tomo mi café y me marcho. Hoy
se presenta inconformista el día; hoy me he quitado
el luto por mis muertos; hoy estoy tan vivo que hablo
en el parque con jóvenes y ancianos, juego con los niños
en el vuelo de columpios, en los toboganes de palabras
con las que hoy construirán su mundo, y yo el mío...
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 14 de junio de 2013
La misma muchacha de siempre en la mesa 12,
que lee el periódico y mira a los demás clientes
de reojo. Los espejos donde se dibujan muslos
de papel y senos de ámbar. Pido mi café, tan sólo
un café con leche y un poco de luz; siempre junto
a la ventana. Se sirven también churros, chocolate,
se dan los buenos días sonriendo. La gente va y viene,
sin prisa; es mañana de sábado. Del techo cuelgan viejas
lámparas -un toque de romanticismo-. Los camareros
van con camiseta blanca y pajarita, los pantalones
son negros. Me tomo mi café y me marcho. Hoy
se presenta inconformista el día; hoy me he quitado
el luto por mis muertos; hoy estoy tan vivo que hablo
en el parque con jóvenes y ancianos, juego con los niños
en el vuelo de columpios, en los toboganes de palabras
con las que hoy construirán su mundo, y yo el mío...
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 14 de junio de 2013
AERÓSTATO
Los maduros relojes que se deslizan por tu pecho,
traen rumor de días con olor a manzanas. Desnuda,
ofreces el clamor de tu piel y su dilatada memoria.
Vienes hacia mí desde los oteros, surcas en aeróstato
por sobre las antiguas viñas. Mis ojos acompañan
el vuelo. Con la lentitud de los mediodías de agosto,
tomas tierra. Tus labios, como dos hilos de luz
crepusculares, tiemblan en el beso. Porque has traído
de nuevo este idioma nuestro hasta la casa, la noche
gime a nuestro lado, mientras somos caligrafiados
por un amor que nada sabe de ser inocentes.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 14 de junio de 2013
Los maduros relojes que se deslizan por tu pecho,
traen rumor de días con olor a manzanas. Desnuda,
ofreces el clamor de tu piel y su dilatada memoria.
Vienes hacia mí desde los oteros, surcas en aeróstato
por sobre las antiguas viñas. Mis ojos acompañan
el vuelo. Con la lentitud de los mediodías de agosto,
tomas tierra. Tus labios, como dos hilos de luz
crepusculares, tiemblan en el beso. Porque has traído
de nuevo este idioma nuestro hasta la casa, la noche
gime a nuestro lado, mientras somos caligrafiados
por un amor que nada sabe de ser inocentes.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 14 de junio de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)