He abierto de par en par todas las ventanas,
por ver si entra el aire y me golpea en el pecho
de repente, por ver qué trae, qué palabras
de los hombres. Flor de geranio en la terraza,
flor de pétalos rojos, vértigo de yedra allá
en el fondo. Quiero escribiros de día, en papel
que vuele hasta las manos. Día en el papel
jamás ya blanco, jamás ya puro, jamás ya silenciado.
Ganas me dan de recorrer las calles, por ver
si todos juntos prendemos la voz del corazón callado.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 27 de mayo de 2013
El Poeta
A Elizabeth.
De vuelta ya a la noche., de vuelta ya a la oscuridad de los pianos.
Hay un viento que gorjea como un pájaro, un viento que rezuma,
atlético, sangre de vid, ungüento para las palabras. Verdaderamente
golpea la lluvia en las cortinas, se abre paso la luna para reposar
a mi lado. Releo viejas cartas venidas desde lejos, en la cansada
caligrafía habitan labios que se besaron, sed de saliba dulce.
El almanaque gira sobre sí mismo ensimismado, y es de noche...
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 28 de mayo de 2013
De vuelta ya a la noche., de vuelta ya a la oscuridad de los pianos.
Hay un viento que gorjea como un pájaro, un viento que rezuma,
atlético, sangre de vid, ungüento para las palabras. Verdaderamente
golpea la lluvia en las cortinas, se abre paso la luna para reposar
a mi lado. Releo viejas cartas venidas desde lejos, en la cansada
caligrafía habitan labios que se besaron, sed de saliba dulce.
El almanaque gira sobre sí mismo ensimismado, y es de noche...
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 28 de mayo de 2013
Me arrojo a la mar desde el acantilado
de tu cuerpo. No sé qué senos o caderas
habitan mis manos, pero llueve despacio
sobre nuestras cabezas, y hay una brisa
que caligrafía la piel, que refresca el verbo
amado. Frente a los ponientes y levantes
escribo con palabras, que emergen movidas
por la corriente del río -aluvión de sílabas-,
hasta encontrase con tu desnudez precisa
sobre el puente. Quiero vivirme en la ciencia
de tus labios, hallarme de improviso
en la fiesta que proponen tus manos.
He visto la noche enorme arracimada a tus cabellos,
y he recordado las uvas rojas que degusté
junto al roquedal que labró tu sexo.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 5 de junio de 2013
de tu cuerpo. No sé qué senos o caderas
habitan mis manos, pero llueve despacio
sobre nuestras cabezas, y hay una brisa
que caligrafía la piel, que refresca el verbo
amado. Frente a los ponientes y levantes
escribo con palabras, que emergen movidas
por la corriente del río -aluvión de sílabas-,
hasta encontrase con tu desnudez precisa
sobre el puente. Quiero vivirme en la ciencia
de tus labios, hallarme de improviso
en la fiesta que proponen tus manos.
He visto la noche enorme arracimada a tus cabellos,
y he recordado las uvas rojas que degusté
junto al roquedal que labró tu sexo.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 5 de junio de 2013
No fue por los caminos del aire, si no que en la tierra
afirmó sus pasos. Abrió de par en paz sus manos,
recorrió senderos de luz y de sombras. Junto
a los vientos, junto al manantial de agua, alzó
la cabeza y vio horizontes palpitantes adonde
partió sin reservas, porque lo empujaba la vida,
la vida de ojos que lindan
con los mástiles antiguos del mundo.
No fue por los caminos del aire. No se apostó
en los portones cerrados, ni en los vallados,
siquiera en las cerradas fuentes... Allí donde
no es sumisa la palabra alzó tiendas, pabellones
sin páramo, sembró signos en los surcos, para después
continuar su camino con la libre sencillez del alfarero.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 5 de junio de 2013
afirmó sus pasos. Abrió de par en paz sus manos,
recorrió senderos de luz y de sombras. Junto
a los vientos, junto al manantial de agua, alzó
la cabeza y vio horizontes palpitantes adonde
partió sin reservas, porque lo empujaba la vida,
la vida de ojos que lindan
con los mástiles antiguos del mundo.
No fue por los caminos del aire. No se apostó
en los portones cerrados, ni en los vallados,
siquiera en las cerradas fuentes... Allí donde
no es sumisa la palabra alzó tiendas, pabellones
sin páramo, sembró signos en los surcos, para después
continuar su camino con la libre sencillez del alfarero.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 5 de junio de 2013
Esta madrugada, en el sillón de la biblioteca, comprendo
que hay palabras gastadas con el tiempo, palabras sólo
de ayer; esas palabras no quiero. Y salgo a buscar
a la calle otras palabras, tan vivas como el fuego,
tan raudas como el aire, tan de veras como una tierra
encinta.
Palabras para ti y para mí -más allá de los trenes
que se alejan para siempre-, deseantes, al borde
del delirio, bordadas a mano en los labios que se besan,
erguidas en la luz del canto. Y salgo a buscarlas
a la calle, allí donde vosotros y nosotros tenemos
la primer palabra.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 6 de junio de 2013
que hay palabras gastadas con el tiempo, palabras sólo
de ayer; esas palabras no quiero. Y salgo a buscar
a la calle otras palabras, tan vivas como el fuego,
tan raudas como el aire, tan de veras como una tierra
encinta.
Palabras para ti y para mí -más allá de los trenes
que se alejan para siempre-, deseantes, al borde
del delirio, bordadas a mano en los labios que se besan,
erguidas en la luz del canto. Y salgo a buscarlas
a la calle, allí donde vosotros y nosotros tenemos
la primer palabra.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 6 de junio de 2013
A Antonio José Royuela, con profundo afecto.
Coloco en el alféizar los geranios, me pregunto
acerca de los versos de Antonio, a la calle
voy después con un violín, de cerezo su madera.
Canto mi pena y mi alegría en el desnudo portal
del bloque, y luego el sol con su fuego al mediodía
me lanza desde lo alto jazmines y presencias.
Con los versos de Antonio voy la calle arriba,
musitándolos despacio junto a la brisa de junio,
de esta primavera ya que acaba, detenido justo
en un semáforo. Dos chicas de azul se adelantan
aún en verde la luz, y dibujo un ¿adónde irán?
en el aire. La cóncava insistencia de los besos
en el pecho donde mora mi querencia, tiene
sabor a arboleda con escritos en los troncos.
Por no haber tranvía, regreso a pie hasta la casa.
He comprendido algo acerca de la poesía:
el cantor es su propio canto, no se puede separar
al hombre del poeta, mientras sigue la casa vacía.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 8 de junio de 2013
Coloco en el alféizar los geranios, me pregunto
acerca de los versos de Antonio, a la calle
voy después con un violín, de cerezo su madera.
Canto mi pena y mi alegría en el desnudo portal
del bloque, y luego el sol con su fuego al mediodía
me lanza desde lo alto jazmines y presencias.
Con los versos de Antonio voy la calle arriba,
musitándolos despacio junto a la brisa de junio,
de esta primavera ya que acaba, detenido justo
en un semáforo. Dos chicas de azul se adelantan
aún en verde la luz, y dibujo un ¿adónde irán?
en el aire. La cóncava insistencia de los besos
en el pecho donde mora mi querencia, tiene
sabor a arboleda con escritos en los troncos.
Por no haber tranvía, regreso a pie hasta la casa.
He comprendido algo acerca de la poesía:
el cantor es su propio canto, no se puede separar
al hombre del poeta, mientras sigue la casa vacía.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 8 de junio de 2013
A Elizabeth.
Cuando las horas pasan hiladas al recuerdo,
comprendo el vals de las ausencias. Pero
nosotros, viajeros decididos, asomamos
al mundo con manos amantes. Aspiro
el delicado aroma, entre tus senos
resbalan las frutillas que primero besé.
Diré entonces la verdad más desnuda junto al
viñedo, con el viento de la noche en mi frente,
arrancando sombras que a veces se avecinan
con voz de nieve, a pesar del verano encendido
en la entraña. No estoy triste, pero me vence
el tiempo; sólo tú, entonces, abres surcos
en la tierra, por donde mis manos trascurren
haciendo siembra de palabras para ti.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 8 de junio de 2013
Cuando las horas pasan hiladas al recuerdo,
comprendo el vals de las ausencias. Pero
nosotros, viajeros decididos, asomamos
al mundo con manos amantes. Aspiro
el delicado aroma, entre tus senos
resbalan las frutillas que primero besé.
Diré entonces la verdad más desnuda junto al
viñedo, con el viento de la noche en mi frente,
arrancando sombras que a veces se avecinan
con voz de nieve, a pesar del verano encendido
en la entraña. No estoy triste, pero me vence
el tiempo; sólo tú, entonces, abres surcos
en la tierra, por donde mis manos trascurren
haciendo siembra de palabras para ti.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 8 de junio de 2013
A Elizabeth.
Te recuerdo, la febril noche y sus espadas,
labios de luz que se han besado, ojos
que se contemplaron en la desnudez
del mismo centro de la noche. Tomamos
las naranjas, las manzanas que nos brindaron
los árboles, cuando nuestros cuerpos, cansados,
habitaron el Hades, y ya de regreso a la luz,
al aire límpido que nos ofrece la vida, os retamos,
dioses de los sumos sacerdotes -certeza y honor
para ellos-, con tan sólo un arma: el pensar sin miedo,
crear versos por el solo amor a la palabra.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 9 de mayo de 2013
Te recuerdo, la febril noche y sus espadas,
labios de luz que se han besado, ojos
que se contemplaron en la desnudez
del mismo centro de la noche. Tomamos
las naranjas, las manzanas que nos brindaron
los árboles, cuando nuestros cuerpos, cansados,
habitaron el Hades, y ya de regreso a la luz,
al aire límpido que nos ofrece la vida, os retamos,
dioses de los sumos sacerdotes -certeza y honor
para ellos-, con tan sólo un arma: el pensar sin miedo,
crear versos por el solo amor a la palabra.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 9 de mayo de 2013
Dime, qué ves en el horizonte ardido, qué esperanza
se abriga en tu pecho. Dime, cómo será tu mañana
si este presente tiene voz de pájaro, aleteo de pájaro.
Ves, ves cuánta pasión se refleja en tu rostro, cuánto
delirio hermoso. Dime, entonces, qué sientes en estos momentos
en que los cometas de los niños se acercan al sol, ahora que
te salvaste del espanto. Dime, dime siempre que estás en el camino
con las manos abiertas, con los ojos abiertos, bien abiertos.
Cuando te vi, rosa roja, cuando supe tu nombre, cuando descubrí
mi corazón para cobijarte, me bebí tu aliento, la savia de tu sangre.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 9 de junio de 2013
se abriga en tu pecho. Dime, cómo será tu mañana
si este presente tiene voz de pájaro, aleteo de pájaro.
Ves, ves cuánta pasión se refleja en tu rostro, cuánto
delirio hermoso. Dime, entonces, qué sientes en estos momentos
en que los cometas de los niños se acercan al sol, ahora que
te salvaste del espanto. Dime, dime siempre que estás en el camino
con las manos abiertas, con los ojos abiertos, bien abiertos.
Cuando te vi, rosa roja, cuando supe tu nombre, cuando descubrí
mi corazón para cobijarte, me bebí tu aliento, la savia de tu sangre.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 9 de junio de 2013
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