El Poeta
Mar adentro pude ver una luna violacea recostada;
He visto inmensos parrales cegados
Por la luz, altas acequias conquistando la carne ocre,
Te he visto a ti, en tu torre de marfil helada,
Y te llamé, y viniste, y entraste en calor, y supiste
De la piel que despierta a media noche.
La madreselva salvaje se arracimó a tu cuerpo,
Fui yo a tu alma quien se arracimó. Noche
De las caléndulas, cálida noche, dónde germinó
Tu beso, beso silente, beso agazapado
Tras las sombras junto a la mordiente del mar.
Y es que mar adentro pude ver una luna violacea
Que devoraba el oleaje, tres sueños empapados
En el naranjal, y una nube de levante hacia tu pecho.

Francisco Aranda Cadenas

Arroyo de la Miel, a 24 de julio de 2011


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