Me he centrado en varios libros de la biblioteca, que he apartado con cuido.
No daré títulos ni autores, quizá no les interese.
He amado cada una de las frases impresas sin no cierta pasión, parecida
a aquella que dirijo hacia tu cuerpo.
Sabes que prefiero tu piel a las hojas de los libros; ya es decir, conque sólo lo supieras
un instante.
Pero tal vez ame más los mediodías, el fulgor de la luz mediterránea, las conversaciones en las plazas
junto a los que cultivan la idea y la palabra, el gusto por crear vínculos amables.
Es posible que no les interese nada de lo que aquí escribo, cercano ya a la madrugada, no obstante
sé que me alegra teclear y teclear dejándome llevar por algo que desconozco
pero que me embriaga.
He de ir a descansar. He de concluir este poema. Parece una narración breve; sólo lo parece, lector.
Busco una nueva fórmula poética y el sabor de los labios de ella, y viceversa.
Francisco Aranda
Málaga, a 6 de enero de 2015
El Poeta
La vida es un sexo de mujer que se regala,
no sólo tierra y sed, también el surco alado,
de amado cielo la hendidura, fulgor de luz,
que la cadencia del viento envuelve. Sabrosa
de sal marina, tendida entre los juncos, simple
y desnuda, así es la mujer que amo. Erguidas
colinas en sazón, se pueden asir las flores
que se yerguen, musicales en la cadera amable
de su valle. En tu atlas confesable, me pierdo
hasta encontrarme... La vida es un sexo de mujer
que se regala, que de no morir se vive entonces,
una puerta al fondo de la clara noche, donde
la voz de surco es, en la penumbra, dulce lamento.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 6 de enero de 2014
no sólo tierra y sed, también el surco alado,
de amado cielo la hendidura, fulgor de luz,
que la cadencia del viento envuelve. Sabrosa
de sal marina, tendida entre los juncos, simple
y desnuda, así es la mujer que amo. Erguidas
colinas en sazón, se pueden asir las flores
que se yerguen, musicales en la cadera amable
de su valle. En tu atlas confesable, me pierdo
hasta encontrarme... La vida es un sexo de mujer
que se regala, que de no morir se vive entonces,
una puerta al fondo de la clara noche, donde
la voz de surco es, en la penumbra, dulce lamento.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 6 de enero de 2014
El parral, los parrales que visité de niño, aquellas uvas
que degusté me embriagaron a tal punto, que no puedo
olvidar esos años infantiles en el pueblo alpujarreño
de Dalias. Comarca chica de días con bicicleta
y lápiz y cuaderno, y chicos corriendo cuesta abajo,
tras de un sueño. Los inmensos ojos negros de mi prima
María Luisa, esos cabellos de gitana largos como un río,
el caminar sensual, que conjugaron mi sexual sentir primero.
Ha llovido mucho desde entonces; lluvias mansas y aguerridas
sobre los cuerpos desnudos y alrededor de las hogueras.
¡Tengo que contarlo! ¡Lean estas palabras de amor!
Ahora, cuando sonrío a la muchacha amada, el mar se complace
con los brazos que extiendo, con el beso que doy, con la verdad que expreso.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 28 de diciembre de 2013
que degusté me embriagaron a tal punto, que no puedo
olvidar esos años infantiles en el pueblo alpujarreño
de Dalias. Comarca chica de días con bicicleta
y lápiz y cuaderno, y chicos corriendo cuesta abajo,
tras de un sueño. Los inmensos ojos negros de mi prima
María Luisa, esos cabellos de gitana largos como un río,
el caminar sensual, que conjugaron mi sexual sentir primero.
Ha llovido mucho desde entonces; lluvias mansas y aguerridas
sobre los cuerpos desnudos y alrededor de las hogueras.
¡Tengo que contarlo! ¡Lean estas palabras de amor!
Ahora, cuando sonrío a la muchacha amada, el mar se complace
con los brazos que extiendo, con el beso que doy, con la verdad que expreso.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 28 de diciembre de 2013
¿Quién era Albertina? Su nombre
estaba caligrafiado en un papel
desgranado como una fruta otoñal.
Yo pienso en Lola y Tania, en ti.
Cada mujer es una geografía.
Yo pienso en ti a cada rato,
mientras una brisa a ras de suelo
caligrafía el paisaje del mismo modo,
que el nombre de Albertina sobre el papel
sepia de muchos años atrás seguramente.
¿De dónde habrán venido tus sílabas?
Albertina y la lluvia. Albertina y las rarezas
cotidianas. Yo pienso en ti a cada rato; tú,
que no eres ni Lola, ni Tania ni Albertina.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 3 de octubre de 2013
estaba caligrafiado en un papel
desgranado como una fruta otoñal.
Yo pienso en Lola y Tania, en ti.
Cada mujer es una geografía.
Yo pienso en ti a cada rato,
mientras una brisa a ras de suelo
caligrafía el paisaje del mismo modo,
que el nombre de Albertina sobre el papel
sepia de muchos años atrás seguramente.
¿De dónde habrán venido tus sílabas?
Albertina y la lluvia. Albertina y las rarezas
cotidianas. Yo pienso en ti a cada rato; tú,
que no eres ni Lola, ni Tania ni Albertina.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 3 de octubre de 2013
Agregar una mujer al paisaje -barro encinta-,
agregar un hombre a la calle, despojarlos
de cuanto en ellos es derrota y cansancio.
¿Acaso no es necesario acercarse a la alegría
desde todos lados? Cuanto hay de vida
en ellos es sencillamente vida, y aunque
cuentan con la muerte, esa impenetrable
astuta, han aprendido a caminar. Una mujer
y un hombre, sin abismos ni cláusulas
de seguros, ahí mismo donde el aire, donde
la luz, frente al sol íntimo, no son nada
y sin embargo, con los meses y los años
que trascurren, ellos se amanecen cada día,
se mezclan, se entrelazan... Agregar
mujeres y hombres al paisaje es como estar
en medio de una torrentera de voces, una cascada
de palabras; son muchos los gestos, muchas las miradas,
una sinfonía que corteja los espacios, el deseo de ser
frente a la nada.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 3 de octubre de 2013
agregar un hombre a la calle, despojarlos
de cuanto en ellos es derrota y cansancio.
¿Acaso no es necesario acercarse a la alegría
desde todos lados? Cuanto hay de vida
en ellos es sencillamente vida, y aunque
cuentan con la muerte, esa impenetrable
astuta, han aprendido a caminar. Una mujer
y un hombre, sin abismos ni cláusulas
de seguros, ahí mismo donde el aire, donde
la luz, frente al sol íntimo, no son nada
y sin embargo, con los meses y los años
que trascurren, ellos se amanecen cada día,
se mezclan, se entrelazan... Agregar
mujeres y hombres al paisaje es como estar
en medio de una torrentera de voces, una cascada
de palabras; son muchos los gestos, muchas las miradas,
una sinfonía que corteja los espacios, el deseo de ser
frente a la nada.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 3 de octubre de 2013
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