Ella me lee al atardecer, y no sabe
Si sueña o si tiene en sus manos
El manuscrito del poeta.
Cuando el crepúsculo aparece
De la mano de una impávida niña,
Y el anhelo se acrecienta,
Ella repasa los versos
Que han traspasado su carne.
En el filo naranja que separa
La noche del día, esa frontera
Diminuta entre el azar y la necesidad,
Se divisan toros y ángeles, alguna
Sombra de realidad, una luz engañosa.
Ella me lee al atardecer, y no sabe
Si sueña o si tiene en sus manos
El manuscrito del poeta.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 9 de agosto de 2010
El Poeta
Después del hayedo el prado,
El filo del camino,
La noche que templa la brisa.
Al nor-noreste de tu boca
Se desbocan los caballos.
La luna gime,
Redonda y terrible,
Y se despliega
En un abrazo de silencios.
Es la hora de partir;
Queda lo que queda,
Los amigos, los paisajes.
Y después, con las sienes recién atardecidas,
Estoy en otro espacio que tal vez no hubiera deseado.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 27 de julio de 2010
El filo del camino,
La noche que templa la brisa.
Al nor-noreste de tu boca
Se desbocan los caballos.
La luna gime,
Redonda y terrible,
Y se despliega
En un abrazo de silencios.
Es la hora de partir;
Queda lo que queda,
Los amigos, los paisajes.
Y después, con las sienes recién atardecidas,
Estoy en otro espacio que tal vez no hubiera deseado.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, a 27 de julio de 2010
El crepúsculo nos saluda, nos dice adiós, nos transporta
A quién sabe qué mundos, qué soliloquios, qué diálogos.
Cae la noche como caen los cometas en esos días
En que llueve la sorpresa de estar vivo, en que la luz
Se prende a las retinas que convocan el sueño
Delirante de la mar en marejada. Nos saluda, nos dice adiós
Con singular voz femenina. Los dioses se han muerto
Afortunadamente: ahora todos defecamos por igual,
Y entonces, felizmente torpes, acabados y rendidos,
Nuestras manos son nuestra humanidad como un liso
Y llano encuentro con el mundo de los vivos...
Amanece, son las horas de babel a veces,
Policromadas, vestidas de óleos, envueltas en papel celofán
Junto a un corolario de niños que reivindican los años bisiestos,
Su dulce afán de estar en pie de guerra, en pie de paz.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, junio de 2010
A quién sabe qué mundos, qué soliloquios, qué diálogos.
Cae la noche como caen los cometas en esos días
En que llueve la sorpresa de estar vivo, en que la luz
Se prende a las retinas que convocan el sueño
Delirante de la mar en marejada. Nos saluda, nos dice adiós
Con singular voz femenina. Los dioses se han muerto
Afortunadamente: ahora todos defecamos por igual,
Y entonces, felizmente torpes, acabados y rendidos,
Nuestras manos son nuestra humanidad como un liso
Y llano encuentro con el mundo de los vivos...
Amanece, son las horas de babel a veces,
Policromadas, vestidas de óleos, envueltas en papel celofán
Junto a un corolario de niños que reivindican los años bisiestos,
Su dulce afán de estar en pie de guerra, en pie de paz.
Francisco Aranda Cadenas
Málaga, junio de 2010
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