El Poeta
El parral, los parrales que visité de niño, aquellas uvas
que degusté me embriagaron a tal punto, que no puedo
olvidar esos años infantiles en el pueblo alpujarreño
de Dalias. Comarca chica de días con bicicleta
y lápiz y cuaderno, y chicos corriendo cuesta abajo,
tras de un sueño. Los inmensos ojos negros de mi prima
María Luisa, esos cabellos de gitana largos como un río,
el caminar sensual, que conjugaron mi sexual sentir primero.
Ha llovido mucho desde entonces; lluvias mansas y aguerridas
sobre los cuerpos desnudos y alrededor de las hogueras.
¡Tengo que contarlo! ¡Lean estas palabras de amor!

Ahora, cuando sonrío a la muchacha amada, el mar se complace
con los brazos que extiendo, con el beso que doy, con la verdad que expreso.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 28 de diciembre de 2013
Met(a)forismo

<No vomites sobre el papel en blanco, no es abismo ni asidero. Poséelo, te pertenece; le pertenece a tu palabra, que por tu mano se imprime y por tu boca se habla>.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 24 de octubre de 2013

Después de amar, amor, queda tu semblante
desnudo. Y destella mi sangre a lomos de la brisa.
Los blancos jinetes del sueño sobrevuelan
tus senos, y es tu sexo una mariposa cercana
a la luz que abisman los geranios.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 24 de octubre de 2013
¿Quién era Albertina? Su nombre
estaba caligrafiado en un papel
desgranado como una fruta otoñal.
Yo pienso en Lola y Tania, en ti.
Cada mujer es una geografía.
Yo pienso en ti a cada rato,
mientras una brisa a ras de suelo
caligrafía el paisaje del mismo modo,
que el nombre de Albertina sobre el papel
sepia de muchos años atrás seguramente.
¿De dónde habrán venido tus sílabas?
Albertina y la lluvia. Albertina y las rarezas
cotidianas. Yo pienso en ti a cada rato; tú,
que no eres ni Lola, ni Tania ni Albertina.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 3 de octubre de 2013
Agregar una mujer al paisaje -barro encinta-,
agregar un hombre a la calle, despojarlos
de cuanto en ellos es derrota y cansancio.
¿Acaso no es necesario acercarse a la alegría
desde todos lados? Cuanto hay de vida
en ellos es sencillamente vida, y aunque
cuentan con la muerte, esa impenetrable
astuta, han aprendido a caminar. Una mujer
y un hombre, sin abismos ni cláusulas
de seguros, ahí mismo donde el aire, donde
la luz, frente al sol íntimo, no son nada
y sin embargo, con los meses y los años
que trascurren, ellos se amanecen cada día,
se mezclan, se entrelazan... Agregar
mujeres y hombres al paisaje es como estar
en medio de una torrentera de voces, una cascada
de palabras; son muchos los gestos, muchas las miradas,
una sinfonía que corteja los espacios, el deseo de ser
                                                                                       frente a la nada.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 3 de octubre de 2013
En el cuenco aromado de tu noche, donde descubro
el cielo maduro de tus sílabas, tu nombre redondo
y fugaz, porque la oscura claridad se acaba
y viene el alba despertando las sienes, y abrimos
los ojos y estamos desnudos. Habito tu corazón
de sándalo para después partir a no sé dónde,
donde el vacío es una blanca certeza amarrada
a la vida, pero yo hablo con mis huesos pares,
con el estremecimiento de mi carne en el cuenco
                                                                                aromado de tu noche.


Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 10 de septiembre de 2013
¿Qué es, dime, esa otra faz oscureciente
venida de tan lejos, que ciega y oculta
el mejor de los semblantes? Si no es la noche,
ni la sombra, ¿qué, quién entonces? O quizá,
se halle a la vuelta de la esquina, junto
a los mismísimos hombros que soportan mi cabeza.
No sé si en las manos del aire, acariciando
los pómulos, hay tacto sutil que lo nombre y lo revele.
Mas ya sé, ya sabemos; no queramos guardar silencio
sin embargo, a pesar de la mínima arena que soporta
un dedal, espacio suficiente, materia suficiente
para darnos cuenta de qué, de quién declara finito
esta desiderata con sangre, que propone no más vivirse.

¿Podrías volver a ver en mi rostro la luz
de aquellos años, o luz de los años por venir?

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 4 de julio de 2013

No pude ver la sombra de mi cuerpo porque la luz
quemaba la luz, y me quedé suspendido de un hilo
de sal hacia abajo, y la tierra mordía mis cabellos
o mordía mis sienes. Y fue que la luz desapareció
de pronto -todo oscuridad ya en un instante-, se refugió
en lo profundo de un río porque allí (corriente de las aguas,
torrentera de claridad), estaría yo buscando el caliente corazón
                                                                                                      de mis sueños.


Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 30 de julio de 2013
BOCETO PARA UNA NOCHE DE SEPTIEMBRE

Para un boceto de una noche de septiembre,
será imprescindible algo de sal marina, al menos 
una ola, un roquedal frutecido, y un eclipse
imperfecto. Después sólo bastará tumbarse
sobre la arena boca arriba y esperar, que el levante
nos lleve mar adentro hasta otras costas, lejanas costas,
desde donde ver con distancia un boceto, para una noche
                                                                                             de septiembre.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 30 de julio de 2013